La Mesa de Inclusividad reclama un Plan General “amable con los vecinos de Santander, no sólo con los turistas”

La consulta ciudadana que definirá las líneas generales del futuro urbanismo de Santander ha celebrado esta semana la Mesa de Inclusividad, en la que han participado representantes de la Asamblea de Mujeres, la Universidad Nacional Aulas de la Tercera Edad (Unate), la ONCE, Aspace, la Asociación de Mujeres Empresarias, el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad, la Fundación Secretariado Gitano, la Federación de Asociaciones de Personas Sordas de Cantabria, el Banco de Alimentos y la Iglesia Ortodoxa, entre otros.

Los participantes en la Mesa de Inclusividad han debatido también sobre los objetivos del urbanismo de Santander, señalando que los vecinos de diferentes barrios necesitan más equipamientos de proximidad, mientras que la mayoría de actuaciones se centran en construir una ciudad amable para los turistas. “Museos, aparcamientos privados, vivienda turística, centros comerciales…” han enumerado los participantes para señalar actuaciones que, en su opinión, no resuelven las necesidades de equipamientos culturales y deportivos en los barrios. “Es necesario diseñar la ciudad escuchando a los diferentes colectivos. Existe una gran segregación, con zonas muy equipadas y zonas abandonadas”, han lamentado durante el debate. “El Plan General debe ser amable con los vecinos de Santander, no sólo con los turistas”.

Una de las principales preocupaciones de estos colectivos es la accesibilidad, tanto en edificios como en espacios públicos. “Hay puntos negros, lugares a los que las personas con algún tipo de discapacidad o dificultad no pueden acceder porque existen barreras, arquitectónicas y de otros tipos”, han explicado en las mesas de trabajo.

La opinión generalizada es que la accesibilidad no puede limitarse a eliminar bordillos porque no todas las barreras son físicas. “La accesibilidad debe cumplirse en todos los sentidos, no sólo en la movilidad. Para muchas personas con algún tipo de discapacidad no vale de nada que puedan llegar a un espacio o edificio si luego no se enteran de la información que éste alberga. Hacen falta itinerarios adaptados”, han coincidido representantes de diferentes colectivos.

Los participantes pusieron varios ejemplos de actuaciones en la ciudad que buscan mejorar la accesibilidad pero que no están adaptadas a todas las necesidades que genera la diversidad. Las escaleras y rampas mecánicas, que la semana pasada fueron aplaudidas en la Mesa de Movilidad porque facilitan la difícil circulación peatonal en el eje norte-sur, “dejan fuera a carritos de bebé y sillas de ruedas”, han precisado esta semana los participantes en la Mesa de Inclusividad, aportando así un punto de vista diferente sobre la construcción de la movilidad urbana. “Y las rampas mecánicas de bajada son igual o más importantes que las de subida”, han añadido.

La cadena de accesibilidad es un factor clave ya que determinadas actuaciones mejoran la vida de unas minorías, pero olvidan o empeoran la de otras. Por ejemplo, cuando se elimina un bordillo y se pone el mismo pavimento en acera y calzada, una persona con movilidad reducida sale beneficiada, pero ese punto deja de ser accesible para una persona con discapacidad visual. “De nada sirve que el andén de una estación de tren tenga una señal para personas sordas si el torno de entrada es inaccesible. O instalar una rampa mecánica en el espacio público cuando el portal no es accesible o no hay ascensor”, han señalado como ejemplos de actuaciones que no respetan la cadena de accesibilidad.

Modelo de ciudad policéntrica

Los colectivos que representan a diferentes minorías de la ciudad coinciden con los arquitectos, urbanistas y técnicos públicos que, hace dos semanas, pedían un modelo de ciudad policéntrica. “La mezcla de usos en cada barrio es muy importante. Se trata de contar con todo lo necesario cerca: comercio y equipamientos que potencien la vida de cada barrio, donde las distancias entre vivienda y servicios se pueda recorrer a pie”. Una petición que choca en parte con la planteada por las asociaciones empresariales y comerciales, que prefieren centralizar el comercio para competir con las grandes superficies.

Donde no se detecta disparidad de criterios es en el modelo de movilidad preferido por la mayoría de los participantes en la consulta ciudadana. Como en debates anteriores, la Mesa de Inclusividad pide al próximo Plan General que favorezca un reparto de espacios que dé prioridad al peatón y fomente una movilidad alternativa al vehículo privado.

Como sucedía con las actuaciones en materia de accesibilidad, donde pueden crearse efectos colaterales sobre determinadas minorías, otras áreas de la construcción urbana requieren también acciones muy meditadas que no beneficien a unos a costa de otros. Así, los participantes en la Mesa de Inclusividad han reclamado una mejora de la iluminación en los espacios públicos para mejorar la visibilidad y, con ello, la seguridad. Pero al mismo tiempo advierten de que la contaminación lumínica no debe aumentar.

La seguridad fue, precisamente, otro de los temas debatidos en la Mesa de Inclusividad, donde se ha pedido que se diseñen caminos escolares que mejoren la seguridad de los niños en los trayectos hasta el colegio. Se trata de una petición que coincide con la realizada por las mesas vecinales de los barrios periféricos, especialmente en San Román.

La Mesa de Inclusividad también ha dejado sugerencias para mejorar la vida de los mayores. La principal, que el urbanismo de Santander tenga en cuenta el emplazamiento de las residencias para la tercera edad, que “no deberían sacar a la gente mayor de su entorno para insertarlos en edificios desconectados de todo”.

Fuente: bitacora-pgs.es